Me he dado el gusto de ponerle este título como homenaje a
Santiago Auseron y Radio Futura (que, por cierto, es una buena opción para
ponerle a los bebés y bailar al más puro estilo “movida madrileña de calidad”) y
el motivo se explica como sigue:

Fuimos poquitos, la ola de calor hizo que varias de las
familias que tenían su matricula hecha no acudieran, ya que les surgió un viaje
a la playa, subir a la sierra a casa de los abuelos… etc. Las familias con
bebés chiquititos huían de Madrid con sobrados motivos y merecida suerte. Eso
hizo que mi gratitud a los que si acudieron fuera mayor, a pesar de entender
perfectamente lo contrario. Y es que sí, hizo calor, incluso en Más Natural
donde parece haber un microclima y se notaba un alivio al entrar, según
avanzaba la mañana avanzó también el sopor que se colaba por las rendijas de
las persianas y la ventana de mi derecha que abrimos un poco. Nines, como
siempre atenta y eficaz, nos alivió un poco con un ventilador, que refrescó nuestros
ejercicios y el tiempo que pasamos juntos. Sin embargo, los talleres de
primavera y verano tienen algo especial y maravilloso y es, precisamente, esa
inmersión en el buen tiempo que nos proporciona triple ventaja: por un lado
estar ligero de ropa es condición sine qua non para nuestros propósitos, que
puede tener grados efectivamente, pero el calor lo favorece mucho; por otro
lado, es la época en la que la mayoría nos cogemos las vacaciones, lo cual nos
proporciona mucho tiempo y, mucho de él al aire libre, para practicar y
disfrutar de los peques; y por si todo esto no fuera bastante, el agua se
convierte en elemento de estímulos y nos proporciona un escenario y un juguete
de extraordinarias posibilidades.

Había conocido a Patricia y Ariadne unos días antes, la mamá
había venido al grupo de lactancia y mientras ella atendía a Vanesa, yo tuve el
placer, de jugar, cantar y descubrir la sala grande junto a Ariadne, le puse
los vídeos de la charla y el del taller del Rey León y bailamos bien a gusto un
par de canciones. Así nos conocimos, luego mientras ella mamaba e intentaba
dormir, Patricia y yo charlamos un poquito, de estimulación temprana, de bebés,
de Méjico y así fue pasando el tiempo de ese primer contacto, hasta que la
peque se durmió y nos despedimos hasta el domingo. También conocí al papá unos
días antes, así que eso que no es tan frecuente se producía, la familia y yo
tuvimos nuestro contacto previo. Ariadne hizo su tablita, como era la mayor se
arrogó el privilegio (con nuestra aprobación) de tomar pequeñas decisiones y
también le alcancé juguetes de mayores en la parte que es más teórica y densa.
Se portó maravillosamente y al ser pocos me permitió acercarme a ella para
guiarla un poquitín al principio. Se quedaba fascinada en algunos momentos y,
como suelen hacer los bebés un poco mayores, me acarició la cara que me
encanta, es como si fuera un reconocimiento y es tan dulce. Es maravillosa. Sus
padres son, además de personas maravillosas, profesionales de la cocina, de
modo que la parte del gusto será, sobre todo eso: un gusto. Imaginad si siempre
es una aventura despertar un sentido, en este caso la cantidad de matices que
podrá tener Ariadne.

A Carmen y Guiomar también las conocí en Más Natural, en la
clase de post parto que da Sara, cuando anuncié el curso ella dijo: “Estoy
apuntada, soy Guiomar” la mamá tiene una sonrisa dulce, expresiva y acogedora.
Carmen, que está enorme, tiene también esa sonrisa contagiosa, incrementada por
ese espíritu de los bebés que tienen el efecto multiplicador de todo lo
saludable y auténtico. Juan José llegó con ganas, se le veía disfrutar de
ver a su niña sumergirse en el programa
y hacerlo con alegría. Los tres me regalaron momentos preciosos de esos que hay
en nuestros encuentros, cuando parece que esa familia tuviera una enorme lupa
que les diera un momento intimo entre la gente, me encanta esa sensación.
Momentos de cada familia, donde el papá y la mamá sólo ven al bebé, momentos de
máximo disfrute y que son la antesala de lo que yo imagino que pasará después
en su casa, que este momento sea un punto de magia y de juego, de comunicación
y de risas, aunque sepamos y lo hagamos con la intención de la eficacia. Vi a
Carmen lucir su preciosa sonrisa, mientras giraba y volaba. Al final tuve un
rato de corrillo con sus padres, les enseñe algunas fotos que están en esas
queridas paredes y hablamos un ratito. Ese es otro momento delicioso que
disfruto un montón con las familias.

A Conchi la tenía en
una lista para avisarla cuando hubiera taller, no había podido acudir a una
charla y la llamé para avisarla, tuvimos una conversación telefónica larga, que
sustituía de alguna manera un primer encuentro. Me gustó de inmediato, por las
preguntas, por la atención, me dio esa sensación de inteligencia de mamá (que
es aquella que trasciende de ti para que aproveche tu bebé desde el primer
momento y con las que me encuentro a menudo en estas lides), interés con calma,
una serenidad de bonanza… una conversación, digo, tan agradable. Terminamos con
algo así por su parte como “pues sí, me interesa”. Cuando la vi tuve la misma
sensación. El domingo conocí a David, el papá y a Martín, que se parecen
bastante que jugaron juntos a todo lo que les propusimos y disfrutaron un
montón. Los tenía relativamente lejos, en frente, vamos, siendo tan pocos, así
que de vez en cuando me acercaba a verle, a Martín, y siempre me recibía con
una sonrisa. La atención de los padres fue maravillosa y Conchi, así
presencialmente, era todavía mejor de cómo la hubiera imaginado. Martín…
simplemente maravilloso. Montando las fotos he disfrutado viéndole (bueno, a
todos, tengo en ese momento la oportunidad de recuperar gestos, posturas y a
veces vivencias que me pierdo allí o que
no puedo saborear bastante, en el fragor, la labor…). Me lo había dicho Nines
“¡Cómo me lo he pasado con Martín y sus papás!” Esa es una sensación tan
maravillosa, que me gustaría saber expresarla mejor.

Tras el corrillo de después, especialmente con los papás de
Carmen, recogimos despacio, fuimos a tomar algo juntas y comentamos la mañana.
Ese es otro momento, del que os he hablado en otros post, muy gratificante. De
camino al metro, cansada pero con esa energía con la que se sale, de la buena
tarea con la buena gente, tenía la necesidad de compartir con alguien más. Mi
amigo Rafa siempre coge el teléfono y es una de las personas en quien pienso
más veces cuando estoy en ese estado: positivo puro. Estaba de celebración
familiar, contento, envuelto en su risa también muy familiar. Hablamos poco,
pero hablamos de lo importante. Una mañana perfecta.