Suelo empezar la charlas y talleres desmontando argumentos
en contra y no es tarea baladí o accesoria, esto es así porque a menudo hay
que, no sólo argumentar, defenderse por haber iniciado un programita de estimulación.
Así es y así se lo hemos contado: la ignorancia no sólo no tiene límites sino
que es osada, entrometida, maleducada y destructiva en muchos casos
(afortunadamente también hay ignorancias prudentes, suelen ser éstas
involuntarias, coyunturales y mucho más fáciles de corregir, entre otras cosas
porque la prudencia favorece la escucha y la observación).

Así encontramos todo tipo de individuos e individuas
(paridad necesaria) que desvirtúan y
hasta denuestan a los adultos que inician tan perversa practica consistente en:
jugar un ratito con su bebé todos los días, charlar y revolcarse un poco,
ofrecerle novedades y darle oportunidades, para que a la par que se divierten
su sistema nervioso crezca sano y adecuadamente, eso sí (y esto debe ser lo demoniaco)
con un pelín de ritmo y progresión. Pues nada, a enjaretarse el yelmo, otra
vez.

No es natural. Falso, lo más natural es moverse y hacerlo
con eficacia, verbigracia: arrastre al pecho (Bergman capitulo 1, versículo 0).
Moverse es lo que proponemos como primera medida.

Es una trabajera. Falso, dos o tres ratitos que a veces no
llegan a los cinco minutos y que hacemos cuando nos viene cómodo a ambas partes
(la parte contratante de la segunda parte en este caso es el bebé). Atender
menos a tu bebé al día debería estar tipificado en el código penal ;-).

Es difícil. Falso, nunca se hace nada complicado porque
estamos con bebés y somos sus mamás y papás, todo es sencillo de sentido común,
ameno, agradable, dulce (nunca hemos puesto a los bebés a bajar las persianas,
cuadrar las cuentas o a arreglar el portátil, en el fondo somos unos
blandengues).

Le vas a estresar. Falso, se estresan si tu te estresas, eso
es así, jugando, corriendo haciendo la cena o subiendo y bajando del coche
(esto último lo pongo porque era de las cosas que más me estresaba a mi en su
momento y, por supuesto, YO les estresaba a ellos, aparte de sudar la gota
gorda, abriendo sillitas, poniendo chaquetas y gorros, intentando no molestar
con el coche y las puertas abiertas… en fin, pelín de agobio reconozco ahí).
Los estímulos son un intercambio divertido, ágil, un momento de privilegio y
relajación, a veces es… lo mejor del día.

No pasa nada si no lo hacemos, no se van a morir. Esto es
cierto, tampoco se mueren si no comen proteínas o algún grupo nutricional pero
su desarrollo se ve afectado. Sin ningún estímulo sí se morirían, está
demostrado, pero con una dosis baja no… ¡mira igual que la alimentación!. A
nadie se le ocurriría decirle a una madre “mire: no de la merienda al niño sistemáticamente,
pasará un poco de hambre, igual crece menos, pero no se va a morir. Total, son
ganas de complicarse la vida”.

El sistema nervioso, el cerebro, la inteligencia,
nos distinguen y merecen atención. Ese alimento y que sea de calidad, es
necesario y valioso. Ellos están deseando y dependen de nosotros para recibir
estímulos y oportunidades, como cuidados y alimentación. Todo ello constituye
el tejido de nuestro amor.